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Derechos de autor y deberes de autor

Los derechos de autor es un tema controvertido, hay opiniones para todos los gustos, todas ellas parecen justificadas. La mía es una más. Con este artículo pretendo aplicar algo de orden a mi cabeza más que crear controversia o enemistad.

Siempre intento establecer analogías, más o menos acertadas, en ocasiones extravagantes, para analizar aquellos temas que me resultan complicados, lo intentaré una vez más…

Pensemos en el teletransporte, supongamos que es viable. Todos podemos pensar rápidamente en sus ventajas, sería algo maravilloso, ¡qué poco tiempo perderíamos en viajar! Ya no “iríamos” a ningún lugar, sencillamente “estaríamos” aquí o allí. Todo ventajas pero… que ocurre con el sector de los transportes, ¿deberían de protestar? ¿Pagaríamos un canon por poder viajar a sitios a los que nunca iremos? No parece tener sentido.

Sé que no es una analogía muy acertada pero estoy intentando introducir una revolución tecnológica en un sector económico establecido y tradicional. Lo que queda claro es que habríamos hallado un nuevo modo de transportar a las personas y por lo tanto son las empresas de transporte las que deberían de evolucionar, sus autobuses, trenes y aviones ya no serían útiles. Ahora lo necesario sería la estación, repleta de unidades de teletransporte: los terminales. Todo el negocio se reorganizaría en función de esos terminales. El corazón de un modelo de negocio se basa en el coste de la infraestructura que te permite ofrecer el producto o servicio. Lo que valga un Airbus 360 me daría igual, para mí no valdría nada puesto que ya no lo necesito, me pueden teletransportar por el mismo precio o menos.

Primera idea: Una revolución tecnológica en mi sector modifica mi estructura de costes

Veamos si no me pierdo… Ahora pienso en el transporte de alimentos, algo sencillo que todos comprendamos: patatas. Las patatas van del campo al supermercado, donde yo las adquiero (hay niños que piensan que nacen en el supermercado pero eso es otro debate que escapa a este artículo). Ahora, con mi nuevo invento las podemos teletransportar, ya no necesitamos las centrales de compra de las grandes superficies y las plataformas de distribución. Yendo más allá, si adquiero un cómodo teletransportador individual (disponible en color blanco, acero y oro viejo) podría incluso tenerlas en la mesa sin pasar por el “super”. ¿Qué pasa con el supermercado? ¿Dejaría de existir como tal? Se entiende que también debería de evolucionar. Al fin y al cabo no estuvieron siempre ahí. La economía los puede hacer desaparecer, nunca se les prometió vida eterna.

Segunda idea: Hemos de optimizar nuestra estructura de costes

¿Dónde pretendo llegar con este rollo? Una cosa está clara, ninguna idea de negocio es eterna (aunque la coca-cola lo parezca). Las ideas de negocio nacen y desaparecen a medida que las sociedades evolucionan. Las ideas de negocio surgen porque se detecta una carencia de un producto o servicio que, aportándolo, añadimos algo a la cadena de valor del producto y por lo tanto procede cobrar un precio por ello. Creo que lo llaman algo así como encontrar un nicho de mercado (un nombre algo tétrico para mi gusto).

Tercera idea: Los modelos de negocio evolucionan, no son eternos

Volviendo al supermercado, éste existe porque tiene razón de ser. A los consumidores les conviene acudir a un lugar donde centralizar todas sus compras, de este modo, en un sólo viaje llenan su nevera. A la compra de alimentos se le debe de dedicar lo justo. Si además no hago el viaje y lo adquiero en una tienda electrónica con las mismas garantías, eso que me ahorro. Los supermercados lo saben y ya han desarrollado sus tiendas en Internet. Con el teletransportador personal de materia aún sería más económico. Con las nuevas tecnologías todo son ventajas. Si pensamos en cualquier avance importante en el mundo, comprendemos que su aportación siempre ha sido para mejorar nuestra sociedad.

Cuarta idea: La historia demuestra que es inútil frenar los avances tecnológicos

Centrándonos en el tema y siguiendo con el razonamiento del supermercado, el día que ese ahorro de tiempo no aporte nada a la cadena de valor el supermercado tradicional, como negocio, no tendría sentido y la economía lo expulsaría para dar cabida a nuevos negocios que aporten valor. Filosóficamente hablando, el supermercado es la representación real de una necesidad social: “ahorrar tiempo en tus compras”. Tiene sentido ya que los supermercados donde no ahorres tiempo desaparecen. Nadie va a hacer la compra a aquellos sitios donde siempre tienen roturas de stock y donde “nunca tienen de nada”.

Quinta idea: Los modelos de negocio cubren necesidades reales de la sociedad

Veamos que ocurre con el negocio de la propiedad “intelectual”. La propiedad intelectual se basa en la creación o autoría de algo, sea lo que sea. Alguien crea algo y pretende que se le pague por su uso. Las patatas se “crean”, y cada patata es única. Cada patata tiene un precio, regulado por la relación entre oferta y demanda. Cada patata consumida por un usuario supone una patata menos en el planeta, el precio del resto ascendería ya que quedan menos. Si yo fuera un creador de patatas, intentaría crearlas controlando su producción, de este modo controlo la oferta y me aseguró que sigo cubriendo la necesidad. La regulación de la oferta no es nada nuevo. Pero ahora llega un invento revolucionario que hace que la gente copie mis patatas a un precio asequible. He perdido el control de la oferta y mi negocio, que basaba su precio en la oferta se vuelve absurdo, mis costes se disparan porque el precio de mi producto cae en picado.

Sexta idea: El control de la oferta parece determinante en la viabilidad de un negocio

Esta última idea es evidente, a mayor competencia mayor oferta y menor precio para el cliente. Creo que ya sé por dónde voy. Veamos que ocurre con el tema de los autores y las copias privadas.

Creamos una obra, sería el producto ¿es único? Creo que se trata de una pregunta con trampa. Parece único pero la idiosincrasia del producto implica una oferta infinita puesto que, con la tecnología actual, es clonable ad infinitum. Por lo tanto su demanda es infinitamente menor que su oferta y su precio se vuelve ridículo. Desde mi humilde punto de vista, creo que la producción intelectual no se rige igual que la producción de objetos físicos. Una canción no se “gasta” por oírla, el Teorema de Pitágoras tampoco, ¡menos mal! Lo que ocurre es que el marco legal actual crea una oferta limitada “ficticia” para permitir el control de su precio.

Séptima idea: La producción intelectual no funciona como la producción física

Sería ridículo estar pagando por los derechos de uso del fuego, la rueda o Internet. Son aportaciones de nuestra sociedad a nuestra propia sociedad para permitir su avance y bienestar para todos. Es de todos y de nadie. Con esto no quiero menospreciar la autoría (ojalá fuera yo quien ideó Internet), lo que quiero decir es que la creación intelectual es un deber antes que un derecho. Todos tenemos el deber de aportar a nuestra sociedad. Algunos sembramos campos, otros jugamos al fútbol, otros escribimos en un periódico, otros programamos y otros componemos melodías, cada uno con lo que se encuentre más cómodo.

Octava idea: Todos deberíamos tener algo que aportar

Todos tenemos algo que aportar a alguien, puede que aún no lo sepamos pero, si no fuera así, nuestra vida no tendría sentido, y hablo en términos de evolución de la especie, no en sentido metafórico. Una vez encontramos sentido a nuestra vida nos importa poco que nos paguen por ello. Desde que existimos, durante millones de años, todos hemos sido creadores, todos hemos sido autores de ideas y conceptos, la diferencia está en que ahora, nuestro avance tecnológico nos permite producirlos, realizarlos y comunicarlos al resto a un precio irrisorio. Está al alcance de todos. La humanidad ha logrado compartir su conocimiento de modo global y prácticamente sin costes. Me estremezco sólo de pensarlo. ¡No es tema baladí! Aún no lo hemos asumido, cuesta hacerse a la idea, pero habrá que hacerlo al igual que los escribas asumieron la pérdida de su empleo debido a la aparición de la imprenta.

Novena idea: Hemos encontrado un modo de hacer algo necesario pero más barato

La idea de que una canción genere beneficios durante cincuenta años no tiene sentido puesto que su producción no ha necesitado cincuenta años. “Matrix” no es una buena película por sus actores o la distribuidora, lo es porque la idea que transmite es interesante y novedosa. ¡A ver si ahora me van también a prohibir que la cuente, no sea que viole los derechos de autor! Si la tecnología me permite difundir la idea de modo eficaz (creando una copia), ¿por qué no lo voy a hacer? Hemos descubierto (entre todos) el modo de hacerlo. Los creadores utilizan herramientas que a su vez fueron inventadas por otros, si todos nos ponemos de morros y exigimos nuestros derechos de autor no avanzaríamos nunca.

Décima idea: Hemos de aportar para los que vienen detrás

Lo que trato de reflejar con este jaleo de preguntas sin respuesta es que todo ha cambiado, insisto, TODO, y nos empecinamos en aplicar las reglas tradicionales a modelos totalmente nuevos que necesitan nuevas legislaciones y nuevas políticas. Las reglas tradicionales, sencillamente, ya no son válidas. Con Internet nos hemos convertido todos en productores, autores, realizadores, intérpretes y distribuidores de contenidos (yo en estos momentos lo soy con este artículo). Y ¿pretendo cobrar por cada uso que se haga de ello? ¡Vaya idea más ridícula! Sólo me ha llevado hacerlo un par de horas, y, aunque me llevara una semana, ¡es absurdo!

Según mi razonamiento, en el mundo hay tantos productores, autores, realizadores, intérpretes y distribuidores como personas. Parece una idea estúpida, de verdad que lo pienso, pero tiene cierto sentido ya que en el fondo todos creamos y distribuimos nuestras creaciones todos los días, Internet y la era digital sólo ha hecho que esto sea mucho más rápido y menos costoso y eso tiene pinta de ser bueno, como lo fue el fuego, la rueda ¡y lo será el teletransporte!

En resumen: ¡Seamos sinceros y coherentes con nosotros mismos!

Quisiera hacer hincapié en una reflexión. En el caso los objetos físicos (las tierras, una casa o las malditas patatas), el hecho de consumirlos implica que ya no los consume otro, cada objeto físico es único y tu consumo priva a otros del suyo. En este caso sus modelos de negocio se basan en esta idea, lo que tú tienes no lo tiene el otro, la oferta es importante y siempre limitada al número de unidades existentes en cada instante. En el caso de la producción intelectual su consumo no supone una merma para otros. Consumir ideas no disminuye el número de copias ya que una vez creadas son eternas. El conocimiento es siempre creciente… ¡menos mal! Por esta razón seguimos usando el teorema de Pitágoras, leemos a Homero o tarareamos la Quinta de Beethoven, nunca se gastan, fueron creadas y son eternas, y eso es bueno.

Creo que ésta es una gran diferencia entre la sociedad del futuro y la del presente. Es necesario que entendamos que la propiedad intelectual no es un derecho que adquiramos como creadores de una obra, eso lo hemos inventado nosotros porque queremos que funcione igual que la venta de patatas. Las aportación intelectual es un deber que tenemos con el resto, con los que están y con los que vienen detrás. Recordemos que nosotros estamos aquí gracias a otros (médicos, filósofos, matemáticos, compositores, escritores, físicos, poetas, etc.) y a sus aportaciones en el pasado.

Así que vayamos pensando más en los deberes que en los derechos de autor.

Ojalá utilicéis este artículo para algo, significaría que algo he podido aportar, sólo os ruego que citéis a su autor, creo que “estoy en mi derecho” y “es vuestro deber”.

 

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